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¿Por qué tu voto vale el doble si vives en Soria?

Castilla y León acaba de votar, y la despoblación ha decidido quién gobierna — aunque no como esperabas

En la provincia de Soria viven unas 90.000 personas. Eso es menos que en muchos barrios de Madrid. Y sin embargo, Soria elige cinco procuradores en las Cortes de Castilla y León — uno por cada 18.000 habitantes. Valladolid, con más de 530.000 personas, elige 15 — uno por cada 35.000. Haz la cuenta: un voto en Soria pesa casi el doble que uno en Valladolid.

El 15 de marzo de 2026, Castilla y León fue a las urnas. El PP de Alfonso Fernández Mañueco ganó con 33 escaños, el PSOE de Carlos Martínez obtuvo 30 y Vox se quedó en 14. Pero lo que cuentan los números gruesos no explica lo más interesante: cómo la España que se vacía sigue moldeando quién gobierna, aunque los partidos que dicen representarla se desplomaron en estas mismas elecciones.

Esta es la historia de una paradoja democrática que afecta a toda España, pero que en Castilla y León se ve con una claridad brutal.

Tres escaños de regalo: así funciona el sistema electoral

El Estatuto de Autonomía de Castilla y León (reformado en 2007) establece una regla sencilla: cada provincia recibe un mínimo de tres escaños en las Cortes regionales, más uno adicional por cada 45.000 habitantes. Total: 82 procuradores repartidos entre nueve provincias.

El problema es que ese mínimo de tres escaños no distingue entre una provincia de 90.000 habitantes y una de medio millón. Soria, con sus cinco escaños, tiene uno por cada 18.000 personas. Valladolid, con 15, tiene uno por cada 35.000. León, con 13, uno por cada 34.500.

El resultado es un mapa electoral donde las provincias más despobladas pesan más por habitante. No es un error — es un diseño deliberado de la Transición, pensado para que el interior rural no quedara sin voz frente a las ciudades. Pero cuatro décadas después, las consecuencias son visibles.

Quién ganó, quién perdió y por qué importa la geografía

Los resultados del 15 de marzo dejaron un parlamento sin mayorías claras. El PP necesita a Vox para gobernar: 33 más 14 suman 47, cinco por encima de los 42 que exigen la mayoría absoluta. La participación subió al 65,7%, casi siete puntos más que en 2022.

Pero mira el detalle provincial. En León, la Unión del Pueblo Leonés (UPL), un partido regionalista con raíces en el leonesismo, mantuvo sus tres escaños y fue la fuerza más votada en 110 secciones censales. En Ávila, Por Ávila conservó su escaño. Estas formaciones aguantaron porque tienen una base territorial sólida.

Quien se desplomó fue Soria Ya. En 2022, este partido de la España Vaciada había sido la fuerza más votada en toda la provincia de Soria, con tres escaños. En 2026, se quedó en uno. Perdió casi 23 puntos porcentuales. Su líder, Ángel Ceña, culpó a “la polarización impuesta por los grandes partidos nacionales.” La marca España Vaciada, que en 2019 llenó la Puerta del Sol con 100.000 personas, ha perdido fuerza electoral justo en las tierras que dice defender.

Y aquí está la ironía: la sobrerrepresentación que da más peso a estas provincias no benefició a los partidos que hacen de la despoblación su bandera. Benefició al PP y a Vox, que dominaron el voto rural con mensajes nacionales.

Un voto en Soria, cuatro votos en Madrid

La distorsión no se limita al parlamento regional. En las elecciones generales, cada provincia española recibe un mínimo de dos diputados al Congreso, según la Ley Orgánica del Régimen Electoral General. Soria, con 90.000 habitantes y dos escaños, tiene un diputado por cada 45.000 personas. Madrid, con 6,7 millones y 37 escaños, tiene uno por cada 181.000.

Tu voto en Soria vale cuatro veces más que tu voto en Madrid. Eso no es una metáfora: en las generales de 2019, el PSOE necesitó 14.775 votos para un escaño en Soria; el PP necesitó 96.258 en Madrid.

Este sistema tiene una lógica histórica: garantizar que los territorios poco poblados no sean ignorados. Pero produce un efecto secundario — los partidos nacionales adaptan sus mensajes a estas provincias, porque los escaños salen más baratos allí. El coste político de perder Soria o Teruel es desproporcionado respecto a su población.

Lo que significa vivir en la España que se vacía

Castilla y León tiene una densidad de 25 habitantes por kilómetro cuadrado, frente a los 94 de la media nacional. Soria, con menos de nueve habitantes por kilómetro cuadrado, es la provincia menos poblada de España. Si todo el país tuviera la densidad de Soria, España tendría 4,5 millones de habitantes en lugar de 48 millones.

Pero la despoblación no es solo un dato demográfico. Es un deterioro concreto de la vida cotidiana.

Sanidad. En muchas zonas rurales de Castilla y León, el hospital más cercano está a más de 60 kilómetros. Un médico rural puede atender 400 pacientes repartidos en 25 o 30 pueblos, sin transporte público que los conecte. Como resumía un vecino en una entrevista con Público: “Si te pasa algo y tienes suerte, vas al hospital a 60 km; si no, te mueres por el camino.”

Banca. Castilla y León es la comunidad autónoma más afectada por la exclusión financiera. Solo uno de cada cinco de sus 2.248 municipios tiene algún punto de acceso a efectivo. Unas 170.000 personas viven en pueblos sin oficina bancaria. Las sucursales cayeron un 58% entre 2008 y 2021.

Internet. El 90% de los municipios de la comunidad carece de internet rápido. La cobertura de banda ancha es del 91,9%, la más baja de España. Un programa de la Junta para llevar internet de calidad a 282 escuelas rurales logró conectar solo 133 tras seis años de ejecución.

Escuelas. En comarcas como El Bierzo (León), el 69% de las escuelas rurales carecía de banda ancha tras dos años y medio de un programa específico de conectividad. Los colegios rurales pierden alumnos cada curso y algunos se acercan al umbral mínimo para seguir abiertos.

La gran paradoja: más representación, menos gente

Aquí es donde la historia se complica. Las provincias con mayor sobrerrepresentación electoral son exactamente las que siguen perdiendo población más rápido. Zamora ha perdido un 35% de sus habitantes desde los años 80. Soria, un 12%. León, Salamanca y Palencia pierden residentes cada año.

Castilla y León en conjunto ha perdido 151.613 habitantes en la última década. El leve repunte reciente — un 0,7% en 2025 — se debe íntegramente a la inmigración: la población nacida en España siguió cayendo.

La sobrerrepresentación se diseñó para proteger la voz de estos territorios. Pero cuatro décadas después, tener más peso por voto no ha frenado el cierre de consultorios, la desaparición de sucursales bancarias ni el éxodo de los jóvenes. El 70% del territorio de Castilla y León se clasifica como “desierto demográfico”. De los 2.248 municipios de la comunidad, casi 2.000 tienen menos de 1.000 habitantes.

Como señalaba un análisis del Diario de Teruel seis años después de la gran manifestación de la España Vaciada en Madrid: España ha pasado “de la España vaciada al vaciado de las grandes políticas necesarias para la lucha contra la despoblación.”

PP y Vox: el pacto que viene y lo que significa

Con 33 escaños, Mañueco no puede gobernar solo. Su única opción aritmética es repetir la coalición con Vox — la misma que estalló en julio de 2024, cuando Vox rompió todos sus pactos regionales con el PP porque los presidentes autonómicos populares votaron a favor de repartir menores migrantes no acompañados entre comunidades.

Ahora las circunstancias han cambiado. Vox se quedó en un 18,9% de los votos, por debajo del 20% que todas las encuestas le daban. El “efecto Mañueco”, como lo han bautizado algunos analistas, demostró que el PP puede crecer sin que Vox crezca a la par. En la noche electoral, Feijóo calificó la victoria de “incontestable” y desde Génova mandaron un mensaje claro: “Las urnas obligan a pactos sólidos liderados por el PP.”

Vox moderó el tono de inmediato. Santiago Abascal dijo que su partido quería discutir “medidas concretas, no sillones y puestos.” Mañueco, por su parte, dejó claro que partiría del acuerdo de coalición de 2022 como base de negociación — y descartó cualquier pacto con el PSOE.

En el cierre de campaña en Valladolid, Feijóo había atacado directamente a Vox: “Sois todos unos urbanitas,” dijo, señalando que ninguno de los dirigentes de Vox que dicen defender a los agricultores nació en un pueblo. Un golpe retórico que resume una tensión real: en la España vacía, los partidos que más votos sacan son los que menos hablan de despoblación como problema estructural.

Lo que queda por decidir

Las negociaciones PP-Vox determinarán si la coalición de Castilla y León desbloquea también los pactos pendientes en Extremadura y Aragón. El resultado tiene lectura nacional: si Mañueco logra un acuerdo con un Vox debilitado, Feijóo podrá presentar a su partido como el que marca el ritmo en la derecha española.

Pero para los 2,4 millones de habitantes de Castilla y León — y especialmente para los que viven en los pueblos que pierden un vecino cada semana — la pregunta sigue siendo la misma que hace 40 años: ¿de qué sirve que tu voto pese más si el médico está a 60 kilómetros, el banco ha cerrado y la escuela de tu hijo no tiene internet?

La sobrerrepresentación electoral garantiza voz. Lo que no garantiza es que alguien escuche.

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