Un soldado español cobra 1.326 euros al mes. Un Guardia Civil que patrulla las calles de Algeciras, unos 1.800. Los dos, según el gobierno de Pedro Sánchez, defienden a España ante la OTAN. Pero solo uno de ellos podría disparar un misil Patriot.
En febrero de 2026, la ministra de Defensa, Margarita Robles, anunció en Bruselas que España había alcanzado el 2% del PIB en gasto de defensa, el objetivo que la Alianza Atlántica fijó en la cumbre de Gales de 2014. “Los expertos de la Alianza han estado en España y han confirmado que hemos alcanzado el 2%”, dijo Robles.
La OTAN lo certificó. Estados Unidos no se lo cree. Y las cifras, cuando las abres, cuentan una historia bastante distinta a la que Moncloa quiere que oigas.
De 1,28% a 2% en un año: el salto que nadie se explica
En 2024, España gastaba el 1,28% de su PIB en defensa — el porcentaje más bajo de toda la OTAN. Ni Luxemburgo quedaba por detrás. El compromiso de Gales daba de plazo hasta 2024 para llegar al 2%. España llegó 11 años tarde, un año después del límite, y lo hizo de una forma que merece ser explicada.
El 22 de abril de 2025, Sánchez presentó el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa: 10.471 millones de euros adicionales que, sumados al presupuesto existente, elevaban el total a 33.123 millones. “Sin subir impuestos, sin tocar un céntimo” del gasto social, prometió el presidente.
¿Cómo se pasa de 19.700 millones a 33.000 millones sin subir impuestos? Ampliando lo que cuenta como defensa.
Qué hay dentro del 2%
El presupuesto del Ministerio de Defensa en sentido estricto ronda los 15.000 millones de euros — aproximadamente un 0,9% del PIB. Eso no ha cambiado mucho en una década en términos relativos. Los otros 18.000 millones vienen de reclasificar partidas que ya existían en otros ministerios.
La lista es larga:
- Pensiones militares: unos 4.000 millones de euros en prestaciones a militares retirados.
- Guardia Civil: 3.672 millones de su presupuesto, asignados al Ministerio del Interior. Según Newsweek, representan hasta el 19% del gasto que España reporta a la OTAN — pese a que su función principal es la seguridad ciudadana.
- CNI (Centro Nacional de Inteligencia, el servicio de inteligencia español): 106 millones solo en telecomunicaciones y ciberseguridad.
- Telecomunicaciones y ciberseguridad: 3.262 millones para satélites, radares, inteligencia artificial, computación cuántica y redes 5G.
- Equipamiento de doble uso: 1.751 millones en helicópteros de rescate, vehículos lanzapuentes, aviones cisterna para incendios forestales.
La metodología de la OTAN permite incluir pensiones militares y fuerzas paramilitares “entrenadas y equipadas para operaciones militares.” España aprovecha esta flexibilidad al máximo. El resultado es un 2% que incluye cosas tan diversas como la lucha contra incendios y la vigilancia costera.
Como lo describió un análisis de Newtral: ingeniería contable.
Lo que dice Washington
El embajador de Estados Unidos ante la OTAN, Matthew Whitaker, no se anduvo con rodeos en febrero de 2026: “Si pueden hacerlo más barato, fantástico. No creemos que sea posible, pero si lo consiguen, que nos enseñen a todos cómo hacerlo, porque creemos que tenemos bastante claro cuánto cuestan la artillería, los tanques y los soldados.”
La frase resume el escepticismo aliado. En octubre de 2025, el propio Donald Trump fue más directo: “Quizás deberían echarlos de la OTAN, francamente”, dijo en el Despacho Oval durante una reunión con el presidente finlandés. Calificó a España de “laggard” — rezagado — y “very low payer.”
No es solo retórica de Trump. En la cumbre de La Haya de junio de 2025, los 32 miembros de la OTAN se comprometieron a elevar el gasto al 5% del PIB para 2035. Todos excepto uno. España negoció una exención formal, la única del club. Sánchez escribió al secretario general Mark Rutte calificando el objetivo del 5% de “irrazonable y contraproducente.” Se comprometió a un tope del 2,1%.
Polonia y Bélgica criticaron públicamente la posición española por socavar la credibilidad colectiva de la Alianza.
Qué compra realmente el 2%
Aquí es donde la historia se pone incómoda para Madrid. Gastar el 2% no significa estar preparado para el 2%.
España compró cuatro baterías de defensa aérea Patriot a Raytheon por 1.445 millones de euros. Pero no llegarán hasta 2030. Y según El Español, los misiles para utilizarlas aún no se han comprado.
El programa de submarinos S-80, presupuestado originalmente en 1.756 millones, ha costado ya 3.900 millones — más del doble — y ha tardado más de 20 años en entregar la primera unidad. En 2013, tras gastar 680 millones de dólares, se descubrió que el submarino pesaba demasiado para flotar correctamente.
Los vehículos blindados 8x8 VCR Dragón, encargados en 2015, siguen sin entregarse.
Fernando Ibáñez Gómez, profesor del Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia de la UDIMA, lo resume con dureza: España tiene “sin apenas munición.”
Y del Plan Industrial de Sánchez, solo el 19% de los 10.471 millones se destinó a armamento nuevo. El grueso fue a subidas salariales (el sueldo base de un soldado subió 200 euros al mes, calificado por asociaciones militares como “una auténtica vergüenza”), telecomunicaciones civiles y equipamiento de doble uso.
La paradoja española
Y sin embargo, España no es un socio irrelevante. Despliega 4.000 militares y guardias civiles en 15 países y 17 misiones en cuatro continentes. Lidera operaciones de la UE como Atalanta contra la piratería en el Índico. Ha donado 1.000 millones de euros en ayuda militar a Ucrania, incluyendo misiles Patriot. Comanda el grupo de combate de la OTAN en Eslovaquia.
Según el Índice de Presencia Global del Real Instituto Elcano, España tiene la sexta mayor capacidad de proyección militar de la OTAN — casi el doble que Alemania, Canadá u Holanda.
Y hay un dato que pocos mencionan: España destina el 30,3% de su presupuesto de defensa a equipamiento, por encima del 20% que exige la OTAN, y por encima incluso de Estados Unidos (29,9%), Francia (28,4%) o Alemania (28,7%).
La paradoja es real: último en porcentaje del PIB, sexto en proyección real. ¿Cómo se explica?
El problema no es solo el porcentaje
Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano, ha señalado durante años que “cuando la economía va bien, el presupuesto de defensa sube, pero menos que los demás. Y cuando va mal, se recorta más que los demás.” España lleva décadas tratando la defensa como variable de ajuste.
Pero el problema de fondo no es exclusivamente español. Un informe de McKinsey sobre defensa europea muestra que la fragmentación de plataformas militares en Europa es cuatro veces mayor que en Estados Unidos, y ha empeorado un 10% desde 2014. Eso significa que cada euro europeo en defensa compra menos capacidad que un dólar americano, por pura ineficiencia industrial.
El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) advierte que el gasto militar “es una medida de flujo: refleja la inversión del año en curso, pero no captura el stock acumulado de capacidades.” Y que los aumentos rápidos de gasto se correlacionan históricamente con “ineficiencias en adquisiciones, sobreprecios y evasión de mecanismos de supervisión.”
Dicho de otra manera: gastar más no garantiza poder más. Y gastar más rápido suele garantizar gastar peor.
La coalición que mira para otro lado
La política doméstica explica buena parte de la acrobacia contable. Sánchez gobierna en coalición con Sumar, cuya líder Yolanda Díaz votó en el Congreso en marzo de 2025 a favor de que España abandone la OTAN. Díaz ha argumentado que “nada se arregla subiendo presupuestos militares” y que “la amenaza es el cambio climático.” Su propuesta: que el gasto social cuente como defensa porque representa “seguridad humana.”
Pese a esta retórica, los ministros de Sumar en el gobierno aprobaron 13.000 millones en partidas de defensa.
La oposición del Partido Popular, por su parte, apoya el aumento del gasto y el pleno compromiso con la OTAN. Alberto Núñez Feijóo ha dicho que “Europa debe rearmarse. España también.” Pero cuando el PSOE propuso en el Congreso un impulso a la industria de defensa española, el PP votó en contra. La coherencia también es variable de ajuste.
Lo que ningún partido quiere admitir es que llegar al 2% de verdad — con tanques, munición y soldados, no con pensiones y antenas 5G — requeriría un debate parlamentario serio sobre prioridades presupuestarias. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ya lo dejó claro en agosto de 2025: superar el 2% exigiría “recortes en el estado de bienestar.”
Qué viene ahora
El nuevo embajador de Estados Unidos en Madrid, Benjamin Leon, jurado el 10 de febrero de 2026, llegó con un mensaje claro: trabajar hacia “el objetivo compartido de los aliados de alcanzar el 5% del gasto en defensa.” Trump, por su parte, ha suavizado el tono recientemente, diciendo que España está “haciendo un gran trabajo.”
Pero la presión no va a desaparecer. La OTAN revisará los compromisos de gasto en 2029. El comisario europeo de Defensa advirtió en febrero de 2026 que Europa “no tiene ni el 50% de las capacidades que pide la OTAN.” Y la guerra en Ucrania no muestra señales de terminar.
España ha aprendido a decir que gasta el 2%. Ahora falta ver si aprende a gastarlo de verdad — en capacidades que disuadan, no en contabilidad que tranquilice. El porcentaje es lo de menos. Lo que importa es si, llegado el momento, hay munición en los cargadores, misiles en los lanzadores y submarinos que flotan a tiempo.